He descubierto que casi siempre es mejor no hablar


Meditar es aprovechar el tiempo?

El tiempo no es para aprovecharlo, sino para entregarlo.

¿Por qué entregarlo suena a perderlo?

Porque la hiperconexión en que vivimos está tan alejada de entregarlo, que es lo que nos hace personas, que cuando explicas la meditación, que es parte del ser humano, pones en evidencia que la mayoría de lo que vivimos no es humano.

¿Muchas voces, pero nada que escuchar?

He descubierto que casi siempre es mejor no hablar. Con el silencio raramente te equivocas y, en cambio, con la palabra te equivocas muy a menudo.

¿Hablar y expresarse no es terapéutico?

Pero tendemos a caer en un afán intervencionista...

¿Somos narcisistas hiperconectados?

...Y la meditación ayuda a aprender a quitarse de en medio; a callar y a pausar la respuesta; a madurar en el silencio y la calma.

¿Si quieres llegar, frena?

El secreto del tiempo es la eternidad. Cuando de verdad vives, el tiempo deja de existir.

¿Meditar enseña a vivir de verdad?

La meditación es un medio, no es un fin. El fin es la vida. El goce no es otra cosa que la comunión con todo cuanto hay. Por eso, hablo de erotismo y misticismo, que son los paradigmas del goce cuando dos se hacen uno.

¿Y se alcanza mejor sin palabras?

La palabra es peligrosa; te puede sacar de la realidad y hacerte sufrir la separación entre cuerpo y mente cuando el trabajo espiritual es unirlos.

¿Cómo unir cuerpo y mente?

Si miramos ese ideal de unirlos, nos asustamos, porque está muy lejos o ni siquiera lo divisamos. Lo que nos hace bien es estar en un camino, que no sólo es el horizonte, sino el paso siguiente. Cuando estamos en un camino, estamos bien; cuando no estamos en un camino, no nos sentimos bien.

¿Qué propone para empezar?

Basta introducir una práctica modesta de veinte minutos diarios de respiración...

Parece fácil. ¿Lo es?

Meditar es sencillo, lo difícil es querer meditar. Es conectar tu cuerpo y tu mente es­tando atentos a la palma de las manos, el entrecejo… Lo que llaman los chakras. Y en la mente poner toda tu atención en una sola palabra, porque no es un ejercicio de análisis sino de síntesis. No es hacer muchas cosas, sino una sola. Y estar en una sola cosa nos va recogiendo. Meditar no es el resultado sino el objetivo; no es meta sino camino.

¿Hacia dónde? ¿Para qué?

Para tener una vida más armónica y no centrada en una sola cosa. Y para lograrlo, empecemos por diferenciar lo urgente de lo esencial. Casi todo lo esencial tiene que ver con el arte, la espiritualidad, el amor…

Hay quien trabaja para comprarlos.

Pero al final nadie echa de menos haber ganado más, sino haber estado más con su familia, haber viajado más, disfrutado más... Y todos querrían haber trabajado menos.

¿Contemplar es no hacer nada?

Es hacerlo todo y una disciplina que me ayuda mucho, además de meditar,es escribir. Al escribir te confrontas diariamente con tu estupidez. Escritor es quien persiste soportando su propia estupidez.

¿Usted persiste?

Y al final sale algo genuino, hermoso, auténtico. Nace una flor en medio del estercolero, pero hay que atreverse a estar en el estercolero para ver esta flor.

¿Y lo nota en su día a día?

Poco a poco esas actitudes se van extendiendo a la vida ordinaria. Al final, vives como meditas. Es un camino largo.

¿Hacia dónde?

Hacia nosotros mismos. Así descubres que todo es una puerta. Lo importante es que la atravieses. En el otro lado encuentras que hay lo mismo, que eres tú, pero ya lo ves de forma diferente. Lo oscuro es la otra cara de lo luminoso. Mira cariñosamente la oscuridad. La acción está bien pero debe ser secundaria. Primero has de mirar y luego, actuar.

¿Mirar cómo?

Imprimir a tu mirada interior indulgencia, benevolencia y ternura para que la realidad deje de ser tan agresiva.

¿Mirar el qué?

Lo oscuro, lo que nos amenaza. Normalmente escapamos de lo oscuro y es entonces cuando te acaba devorando. Hay que afrontarlo, porque si miras bien ese oscuro acabas descubriendo que no es otro; que eres tú.

¿Vencerse es vencer?

Es entender que no se trata de la resolución de un problema sino de la disolución. Es hacerlo tuyo sin que resulte venenoso ni destructivo. Eso solo lo consigue la contemplación, que de forma paulatina y progresiva podemos ir aprendiendo todos.

¿Y qué conseguiríamos?

Yo me siento más feliz que hace diez años. El trabajo espiritual da frutos.


Fuente: La Vanguardia

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